Diosa del Sol portadora de focos
Gnowee es la diosa aborigen australiana del sol, cuya historia personal es una de búsqueda perpetua y sacrificio materno. Su mito surge de una época antigua en que el mundo entero permanecía en una oscuridad profunda. En esa penumbra primordial, Gnowee era madre de un hijo, su único consuelo en la tiniebla. Un día, el niño se extravió en la oscuridad, desapareciendo de su vista sin posibilidad de rescate en la negra infinitud.
Desesperada, Gnowee buscó a su hijo durante tiempos inmemoriables. Pero cómo encontrar nada en la completa ausencia de luz. Su anguish maternal la llevó a encender una antorcha gigantesca, una llama tan potente que iluminó todo el cielo. Cada día, armada con esta luminaria colosal, se eleva hacia las alturas, recorriendo el arco celeste de lado a lado. Lo que los humanos interpretamos como el sol es en realidad la enorme antorcha de Gnowee, su búsqueda eterna iluminando el mundo.
La tragedia de esta leyenda es que Gnowee jamás encontrará a su hijo. A pesar de milenios de búsqueda, del sacrificio diario de elevar su antorcha, el niño perdido permanece irrecuperable. Cuando, en algún momento futuro incalculable, Gnowee finalmente abandone su búsqueda o encuentre a su hijo, el mundo volverá a sumergirse en la oscuridad eterna. Esta perspectiva aterradora añade profundidad al acto diario de que el sol salga.
Gnowee es, por tanto, una diosa cuyo poder surge del dolor, cuya función cósmica es consecuencia de su anguish personal. Para los pueblos australianos, cada amanecer es un recordatorio de la dedicación de una madre divina y del precio que ella paga por la continuidad del mundo visible.