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Dioses y Diosas

Adro

Lugbara Dios del Mal

Dios de la destrucción serpenteante

Adro es la encarnación del mal en la mitología lugbara de Uganda y El Sudán, representando el lado oscuro de Adroa, el dios creador dual que se escindió a sí mismo en dos mitades opuestas. Mientras que Adroa se quedó en el cielo como guardián benevolente, Adro descendió al plano terrenal para ocuparse de los asuntos más turbios de la existencia.

Una de las historias más peculiares sobre Adro cuenta cómo el dios malévolo se transformó en una gran serpiente que nadaba por los ríos del mundo, sembrando caos y desgracia a su paso. Según la mitología lugbara, de una profunda hendidura que se abrió en el costado de Adro-serpiente nacieron los Adroanzi, criaturas horribles y malformadas que heredaron la maldad de su progenitor y se esparcieron por las aguas y regiones oscuras para atormentar a los humanos desprevenidos.

A diferencia de muchas divinidades malignas en otras tradiciones, Adro no era reverenciado sino temido y evitado. Los lugbara reconocían su existencia como un hecho inmutable de la cosmología, pero su culto no consistía en plegarias de adoración sino en rituales de protección y apaciguamiento. Adro personificaba la corrupta naturaleza de la existencia en el mundo físico, el aspecto terrible que Adroa no podía controlar desde el cielo.

Otra ficha al azar