Una plaga que juega con fuego
Tsetse Bumba es una figura extraordinaria en la mitología Bushongo, pueblo también conocido como Kuba, situado en la República Democrática del Congo. Aparece en las genealogías divinas como uno de los cuatro hijos del gran Bumba, el dios creador que trajo el mundo a la existencia desde las aguas primordiales.
A diferencia de sus hermanos, Tsetse Bumba poseía un temperamento inquieto y una fascinación irresistible por el fuego. Según la tradición, fue su pasión destructiva la que la llevó a cometer actos de piromanía tan descontrolados que su propio padre, Bumba, se vio obligado a desterrarla del mundo mortal. Pero en lugar de castigarla con el olvido, la colocó en el cielo, donde su naturaleza ardiente encontró un nuevo propósito cosmológico.
Tsetse Bumba se transformó así en una criatura del firmamento: un leopardo negro que se movía a la velocidad del rayo. Como Diosa del Rayo, mantenía cierta autonomía pero bajo la supervisión de Bumba, quien estableció límites a su destructora pasión. Incluso así, la diosa guardaba celosamente el fuego en el cielo, controlando estrictamente cuándo y cómo permitía que bajase a la tierra. Cada incendio natural, cada rayo que caía sobre la tierra, era el resultado de una negociación tácita entre divinidades.
El mito sugiere una compleja relación entre el padre y la hija, entre la indulgencia divina y la necesidad de orden cósmico. Bumba no pudo negar del todo la naturaleza de su hija, pero tampoco pudo permitir que causase estrago indefinido entre los mortales. De ahí que el fuego fuese un regalo administrado con precaución. Los Bushongo veían en Tsetse Bumba algo más que una simple fuerza destructiva: ella era la pasión, el poder que arrasaba obstáculos, la energía sin frenos que existe en el universo pero que debe mantenerse en equilibrio.