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Dioses y Diosas

Nanautzin

Dios/diosa azteca de la enfermedad

Dios (u ocasionalmente diosa) de la humilde valentía

También conocido como Nana, Nanahuatl, Nanahuatzin, Nanauatzin.

Nanautzin era conocido como «El Costroso», y su nombre capturaba perfectamente su condición inicial: era débil, enfermizo, repugnante de aspecto. Parecía destinado a ser un ser menor, un dios de tercera categoría sin futuro, un fracaso cósmico. Pero Nanautzin poseía algo que trasciendía su apariencia: tenía coraje genuino, valentía de quién no tiene nada que perder porque ya lo ha perdido todo.

Su ascenso llegó cuando se produjo una vacante importante: el puesto de dios del sol quedó disponible. La búsqueda comenzo, y para sorpresa de todos, Nanautzin se presentó como candidato. Lo notable es que solo hay otro candidato: el elegantemente vestido y terriblemente arrogante Tecciztecatl. Pero el puesto requería sacrificio en la hoguera divina, lo que explica por qué tan pocos se ofrecían voluntarios.

Cuando la hoguera se encendió, Tecciztecatl se acobardó. El lujo y la belleza no pueden vencer el miedo a la muerte, incluso muerte ritual. Pero Nanautzin, quien no tenía nada que perder, ni belleza ni poder ni posición, simplemente saltó a las llamas sin vacilar. Su acto de valor puro lo transformó en Tonatiuh, el glorioso dios del sol que sube cada día en el cielo.

La historia de Nanautzin es la de la redención por coraje, de cómo la fealdad puede convertirse en gloria, de cómo el valor genuino trasciende la apariencia física. Pero también es una historia de ironía: Nanautzin, humilde y valeroso, se convirtió en un dios arrogante que exigía sacrificios sin cuento. Pareciera que el poder corrompe incluso a quienes lo obtienen por mérito absoluto, que ningún dios, sin importar sus orígenes, puede escapar de la terrible vanidad de la divinidad.

Otra ficha al azar