Demonio muy molesto del antibudismo
Mara es el adversario cósmico del budismo, el demonio cuyo oficio es impedir que los seres alcancen la iluminación. Su enemistad con la humanidad parece ser de naturaleza profunda, como si albergara un rencor fundamental contra la idea misma de liberación espiritual. Se dice que guarda especial odio hacia Buda Gautama, probablemente porque su propia derrota ante el iluminado le causó una humillación eterna.
Cuando Gautama se sentó bajo el árbol Bodhi para meditar hacia la iluminación final, Mara desplegó toda su artillería demoniaca. Primero intentó el miedo: conjuró ejércitos de monstruos que atacaban el sitio donde meditaba Buda. Luego intentó la seducción: envió a sus propias hijas, bellísimas doncellas, para distraer al futuro Buda de su concentración. Mara no era sutil ni tímido. Era directo, brutal, desesperado.
Pero Buda simplemente sonrió. Con un gesto de la mano, una mudra que acababa de inventar en ese mismo momento —el gesto que ahora se enseña a generaciones de practicantes como protección contra el mal—, Buda repelió a Mara y sus ejércitos. No hubo batalla épica sino un rechazo simple pero absoluto. Mara se retiró, derrotado, aunque no destruido. En el budismo, incluso los demonios no son aniquilados sino reformados eventualmente.
Mara representa la tentación en todas sus formas: el miedo que paraliza, el placer que adormece, la distracción que aleja del camino verdadero. Es una fuerza psicológica tanto como una entidad cósmica. Todos los practicantes budistas encuentran a su propio Mara interior en algún momento de su jornada espiritual, y deben aprender el mismo gesto de rechazo compasivo que Buda perfeccionó.