Dios del mar tormentoso con mayores aspiraciones
También conocido como Yam-Nahar, Yamm, Yammu, Yaw.
Yam era el dios del mar en la mitología cananea, una deidad formidable cuyo poder sobre el océano era indiscutible. Sin embargo, Yam no se conformaba simplemente con el dominio de las aguas: sus ambiciones se extendían a la totalidad del panteón, buscando una posición de supremacía comparable a la de Baal.
Según los relatos mitológicos, Yam poseía una criatura monstruosa como compañera y servidora: Lotan, una serpiente titánica que presidía las aguas caóticas y que personificaba el aspecto más salvaje y destructivo de los mares. Con Lotan a su lado, Yam era una potencia temible, capaz de desencadenar tormentas y caos cada vez que sus iras se desataban.
Las ambiciones de Yam llevaron a un conflicto directo con Baal. En un episodio mitológico crucial, Yam buscó ampliar su influencia y prestigio. Para ello, acudió directamente a El, el dios supremo, y obtuvo lo que Baal había solicitado en vano: el permiso para construir un palacio magnífico. Cuando Baal se enteró de que Yam había logrado lo que a él le había sido negado, la cólera consumió al dios de la tormenta. Se declaró la guerra abierta entre ambas deidades.
El conflicto fue violento. Yam, confiado en su poder, golpeó duramente a Baal, infliéndole graves heridas. Pero Baal, desesperado por recuperar su prestigio, recurrió a un ardid: obtuvo dos armas mágicas de extraordinario poder fabricadas por Kothar, el dios artesano. Con estos garrotes mágicos, Baal revirtió el enfrentamiento de manera decisiva y derrotó a Yam. Tras su derrota, Yam permanece en silencio dentro de su reino submarino, derrotado pero no olvidado.