El General Heng tiene olfato para la seguridad
También conocido como Cheng-Lun, General Heng, Heng, Zheng Lun.
Hengjiang, popularmente conocido como el General Heng, es una deidad protectora de aspecto marcadamente feroz, cuyo propósito es vigilar puertas, portales y umbrales de lugares sagrados. No es un dios de facciones amables: su expresión revela la tensión de una práctica mística profunda, y su presencia es diseñada específicamente para intimidar y repeler a cualquiera cuyas intenciones no sean puras.
Su arma particular es producto de la práctica taoísta de respiración avanzada, técnicas milenarias que desarrollan y concentran la energía vital. Mediante estas prácticas, el General Heng ha alcanzado la capacidad de proyectar fuego devastador desde sus propias fosas nasales, una manifestación de poder energético que asombra a cualquiera que lo presencia. Esta habilidad no es una broma o truco de circo: es un arma divina genuina, tal como el sable o la lanza de otros dioses guerreros.
Fue reclutado por el cielo para servir como guardián personal de Buda, lo cual habla de la estima en que se le tiene. Sin embargo, la mayor parte de su tiempo lo dedica a trabajar en pareja con su colega Hajiang, formando los Heng Ha Er Jiang, los dos generales protectores que custodian templos y santuarios contra la profanación. Su sola presencia en la entrada de un lugar sagrado es suficiente para desalentar a los vándalos y a las entidades malintencionadas que pudieran intentar infiltrarse.