Dios creador y paternal
Amotken es el dios creador de los pueblos Salish, un anciano solitario y bondadoso que reside en el cielo, reflexionando profundamente sobre los misterios del universo. A diferencia de muchas otras deidades creadoras que están constantemente inmiscuyéndose en los asuntos humanos, Amotken es una presencia remota pero benevolente, dedicado a la meditación y la contemplación.
Cuenta la mitología Salish que Amotken tuvo cinco hijas, creadas de una manera extraordinaria: arrancó cinco cabellos de su propia cabeza y transformó cada uno en una hija. Después de criarlas con cuidado paternal, les preguntó qué querían ser cuando fueran mayores. El dios no negó nada de lo que pidieron. La primera eligió ser la Madre del Mal, la segunda la Madre del Bien, la tercera la Madre de la Tierra, la cuarta la Madre del Fuego y la quinta la Madre del Agua. Así, de cinco cabellos, surgieron todas las fuerzas fundamentales que rigen el cosmos.
Para evitar conflictos interminables entre sus hijas, Amotken decretó que se turnarían en el gobierno del mundo, cada una reinando durante un día y una noche. Pero este es un tiempo divino, donde un parpadeo para los dioses equivale a miles de años para los mortales. De modo que la Madre del Mal continúa gobernando desde hace milenios, y es difícil saber cuándo terminará su turno.
Mientras sus hijas manejan los asuntos del mundo, Amotken sigue en el cielo, contemplativo e impaciente. Envía a Coyote cada mañana para que le reporte cómo van las cosas en la tierra, pero nunca sabe cuándo el embaucador volverá. Amotken sigue reflexionando qué desayunar, una imagen cómica del dios creador preocupado por cuestiones mundanas mientras organiza la estructura fundamental de la realidad.