El cuervo gigante de los Tsimshian
También conocido como We-Gyet.
Txamsem, conocido también como We-Gyet, es el Cuervo embaucador del pueblo tsimshian de la costa noroeste del Pacífico. Este dios encarna todas las características del trickster americano: ingenio sin límites, transformación corporal a voluntad, y una capacidad para perseguir sus objetivos sin que ningún obstáculo le detenga. Su importancia en la mitología tsimshian es tan grande que ha generado ciclos completos de relatos que explican cómo el mundo llegó a ser como es hoy.
Uno de los mitos más célebres cuenta cómo Txamsem robó el Sol del avaro jefe que lo guardaba. Según la leyenda, el jefe mantenía la luz encerrada en bolsas, negándosela al mundo. Txamsem ideó un plan magistral: se transformó en una hoja de cedro, se coló en la bebida de la hija del jefe y, una vez tragado, consiguió dejarla embarazada. El hijo resultante era el propio Txamsem en forma de bebé, aparentemente indefenso pero dotado de una codicia divina. Cada vez que le daban un juguete nuevo—primero estrellas brillantes, luego la Luna—el niño las lanzaba por el agujero de humo del techo, causando el caos en la casa del jefe. Finalmente, cuando le entregaron la bolsa del Sol, el bebé se transformó nuevamente en Txamsem y salió volando con la bolsa en el pico, robando la luz para la humanidad.
El acto de Txamsem es simultáneamente un robo, un regalo y un acto de justicia cósmica. La luz del Sol, que por derecho pertenece a todo el mundo, es liberada para iluminar la creación. Este mito explica por qué el mundo tiene días y noches, por qué la luz es compartida por todos y no monopolizada por los poderosos. Txamsem, aunque actúa por su propia diversión y beneficio personal, inadvertidamente resuelve un problema cósmico. Su naturaleza de embaucador lo hace impredecible, pero sus acciones tienen consecuencias profundas que moldean la realidad para el bien de todos.
El genio de Txamsem radica en su capacidad de transformación y en su negativa a ser limitado por las convenciones. Donde otros dioses respetan el orden establecido, Txamsem lo subvierte. Donde otros obedecen reglas, él las burla. Esta figura representa una verdad sobre la naturaleza: que el cambio, la transformación y la inteligencia adaptativa son fuerzas tan fundamentales como el orden mismo, y que a veces el caos y el engaño son precisamente lo que el universo necesita para avanzar.