El Diablo, genio del mal y adversario oficial de Dios
También conocido como Accuser, Diabolos, Ha-Satan, Old Nick, Prince Of Darkness, Stan, The Devil.
Satanás es la encarnación del mal en la tradición religiosa de Oriente Medio, presentado como el adversario supremo de Dios y el enemigo de la humanidad. Su nombre significa «acusador» en hebreo, reflejando su rol como quien acusa a los seres humanos ante Dios. Aunque el Antiguo Testamento lo menciona, es especialmente en la tradición cristiana donde Satanás adquiere su pleno desarrollo teológico y mitológico.
Según la teología cristiana, Satanás fue originalmente un ángel de alto rango en el cielo, investido de poder y autoridad considerable. Sin embargo, movido por el orgullo y la ambición, se rebeló contra Dios, intentando erigirse a sí mismo como rival divino. Como castigo por esta rebelión, Dios lo expulsó del cielo junto con sus seguidores —otros ángeles rebeldes que lo acompañaron—, condenándolos a las regiones infernales.
Una vez expulsado, Satanás se convierte en el gobernante del Infierno, un reino de tormento y castigo. Sin poder enfrentarse directamente a Dios, su venganza toma la forma de corrupción y tentación de los seres humanos. Mediante el susurro, la tentación y la siembra de dudas, busca apartar a la humanidad del camino divino, induciendo al pecado y la desobediencia. Su poder es real pero limitado: no es omnipotente ni omnisciente, sino que opera dentro de los confines que Dios permite.
La naturaleza física de Satanás es ambigua en la tradición religiosa. Puede manifestarse de múltiples formas: desde lo abiertamente demoníaco —con cuernos, escamas, cola bifurcada— hasta lo deceptivamente atractivo, adoptando la apariencia de un ser hermoso. Esta versatilidad hace que sea particularmente peligroso como tentador, capaz de presentar el mal de formas que parecen atractivas o convenientes.
En la tradición cristiana, Satanás juega un rol complejo: es el antagonista de la narrativa religiosa, la personificación de todo lo opuesto a Dios. Sin embargo, algunas teologías lo conciben también como un instrumento de Dios, permitido en su rebelión para poner a prueba la fe humana. Este aspecto paradójico de Satanás —como adversario de Dios pero también, de alguna forma, bajo su control— ha sido fuente de reflexión teológica profunda durante siglos.