El malvado vampiro turón
El Bajang es un demonio malayo de naturaleza singular, una entidad sobrenatural que encarna el concepto del familiar demoníaco, ese ser capaz de servir a un brujo o bruja a cambio de poder y protección. A diferencia de muchas criaturas malignas que actúan por impulsos destructivos propios, el Bajang es fundamentalmente un instrumento de voluntad ajena, aunque no por ello menos peligroso.
La manifestación física del Bajang es variable: aparece típicamente en forma de comadreja o de gato salvaje, animales pequeños pero ágiles que pueden infiltrarse en lugares donde una criatura más grande sería detectada. Esto lo hace particularmente efectivo para los propósitos de un brujo que lo invoque. La creación de un Bajang requiere rituales horribles y sangrientos, involucrando cadáveres y ceremonias de una obscuridad considerable. Estos rituales de invocación son tan repugnantes que la mayoría de los brujos solo los practican bajo circunstancias de desesperación extrema. Una vez invocado, el Bajang se convierte en una especie de mascota demoníaca que obedece órdenes del brujo que lo controló.
Las tareas que puede realizar un Bajang van desde lo mundano hasta lo malevolo. Puede realizar recados domésticos simples, incluso tareas tan prosaicas como lavar los platos. Pero su utilidad real reside en su capacidad para hacer daño: puede escupir veneno a los enemigos del brujo, convirtiéndose en un arma de asesinato secreto que es difícil de rastrear. La versatilidad del Bajang como herramienta de un brujo lo hace temible, pues nunca es seguro si una muerte súbita o una enfermedad debilitante fue causada por enfermedad ordinaria o por la intervención de un Bajang invisible.
Lo particularmente inquietante del Bajang es que persiste a través de generaciones. Una vez invocado, puede permanecer bajo el control de una familia de brujos durante siglos, pasando de un poseedor a otro como una herencia demoníaca. Sin embargo, existe una debilidad crucial: el Bajang requiere ser mantenido en una jaula de bambú, un confinamiento que previene su fuga. Todos los relatos advierten de no intentar capturar un Bajang directamente en una jaula ordinaria: su verdadera jaula debe ser de bambú específicamente, una madera que aparentemente tiene propiedades sobrenaturales contra este tipo de demonio. Si alguien ve lo que parece ser un turón salvaje deambulando libremente, es aconsejable mantener distancia. Podría ser una simple comadreja, en cuyo caso seguirá siendo peligrosa, morderá la mano de quien intente alimentarla. Pero si es un Bajang escapado, el peligro es incomparablemente mayor.