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Dioses y Diosas

Aker

Dios egipcio de la Tierra

Dios de la Tierra y Guardián de la Puerta de la Muerte

Aker es un dios de responsabilidades muy concretas y territorialmente limitadas. Su dominio no es toda la Tierra, sino únicamente una pequeña franja que une los horizontes este y oeste del Inframundo. Es un trabajo especializadísimo para una deidad: guardian de una única frontera que conecta el nacimiento y la muerte del mundo subterráneo. Dos cabezas de león adornan su figura, cada una mirando en dirección opuesta, contemplando simultáneamente el mañana que llega desde el este y el ayer que se desvanece hacia el oeste.

Su función principal es custodiar las Puertas de la Muerte, permitiendo cada día que el dios Sol Ra pase en su viaje de regeneración a través del Inframundo. Debe ser un trabajo monótono en extremo: vigilar eternamente la misma frontera, reconocer a la misma deidad cada amanecer, dejarla pasar, esperar a que complete su ciclo nocturno, y repetir ad infinitum. Además, se supone que también debe impedir que la serpiente Apep, el caos incarnado, logre escapar del Inframundo hacia el cielo para perseguir y devorar a Ra. Aker combina así la rutina burocrática con la responsabilidad de mantener el equilibrio cósmico.

Sorprendentemente, este dios posee capacidades curativas que trascienden su ámbito local. Una oración a Aker puede sanar las mordeduras de serpiente, lo que sugiere que su íntima familiaridad con Apep le otorga poder sobre el veneno. También es invocado si alguien se ha tragado una mosca accidentalmente, un problema que la medicina moderna consideraría trivial pero que la antigua Egipto tomaba con toda seriedad.

Otra ficha al azar