Dios caótico de la anarquía. También se encarga de la guerra, las tormentas y los desiertos
También conocido como Setekh, Setesh, Seth, Seti, Sutekh.
Set es la deidad del caos en la mitología egipcia, un dios cuya naturaleza es inherentemente destructiva y anarquizante. Conocido también como Setekh, Setesh, Seth, Seti o Sutekh según el período histórico y la región, Set representa todo aquello que es hostil al orden establecido, al equilibrio cósmico que los egipcios denominaban Maat. Su apodo más común, el Dios Rojo, probablemente refiera al color del desierto árido, aunque algunos especulan si podría derivarse de su naturaleza política o simplemente de la vergüenza que su caótica existencia le causaba.
La apariencia física de Set es deliberadamente confusa y monstruosa: posee cabeza de un animal desconocido que los eruditos modernos han identificado especulativamente como un oso hormiguero o quizás un animal fantástico sin equivalente zoológico real. Añade a esto orejas de burro, cola de escorpión, y en algunas representaciones aparece como hipopótamo con mandíbulas y cola de cocodrilo. Esta multiplicidad de partes animales sugiere que Set representa lo salvaje sin orden, la mezcla caótica de fuerzas sin coordinación ni propósito.
Set es célebre por el asesinato de Osiris, crimen que disparó una cascada de eventos mitológicos enormemente importantes. Envenenado por los celos y por su propia naturaleza caótica, mató a su hermano Osiris de manera particularmente brutal, dispersando los restos del cuerpo por todo Egipto. Su castigo fue terrible: una batalla de ochenta años contra Horus, hijo de Osiris, donde fue destituido y desterrado a los reinos superiores de Ra, donde fue convertido en voz del trueno, manifestación auricular de lo divino pero sin poder terrestre.
Set permanece como una deidad ambigua: esencial para que el universo funcione—necesario como fuerza que equilibra el exceso de orden—pero perpetuamente temido, nunca adorado directamente con el mismo fervor que otras deidades. Su capacidad de volver loco a los humanos que lo albergan en sus cuerpos lo mantiene como amenaza activa incluso después de su derrota.