Esta es la epopeya
El Kalevala es la epopeya fundamental de la mitología y la cultura finlandesa, comparable en importancia a la Ilíada o la Odisea de Homero para el mundo griego. Sin embargo, tiene un origen peculiar: no fue compuesto por un único bardo antiguo, sino recopilado y unificado por un erudito finlandés del siglo XIX llamado Elias Lönnrot. Durante un período de fervor nacionalista finlandés, Lönnrot se lanzó a una tarea monumental: recorrer las tierras remotas de Finlandia e Ingria, recopilando fragmentos de poemas, baladas, mitos folclóricos y narrativas orales de docenas de fuentes distintas.
Todo esto lo hizo sin grabadora de voz ni registrador alguno: únicamente su memoria y su diligencia. Posteriormente, Lönnrot organizó este material fragmentario en una gran saga épica en verso rimado que rivalizaba en alcance y ambición con las grandes epopeyas homéricas, aunque toda ella estuviera en finlandés. Tan impactante fue su métrica y estructura que el compositor americano Henry Longfellow copió el mismo patrón de rimas para su poema « Canción de Hiawatha ».
La primera edición del Kalevala, publicada en 1835, contenía 12.000 versos. Pero Lönnrot no quedó satisfecho y en 1849 publicó una versión revisada y expandida de 22.800 versos. Desde entonces se ha mantenido prácticamente inalterada, incluso después de la muerte de Lönnrot en 1884. El Kalevala no es un documento antiguo redescubierto, sino una creación del siglo XIX, pero que captura genuinamente las tradiciones ancestrales de los pueblos finlandeses.
Aunque muchos consideran el Kalevala como la totalidad de la mitología finlandesa, la realidad es más compleja. Ésta se formó durante siglos, antes de que el cristianismo se estableciera firmemente y antes de que los chamanes saami fueran perseguidos y sus tambores sagrados destruidos. El Kalevala recopila lo que sobrevivió, pero mucho se perdió, especialmente en las regiones más remotas de Laponia, donde los pueblos saami continuaron manteniendo tradiciones que el Kalevala nunca documentó. Los dioses todavía murmuraban entre los árboles, aunque pocos escuchaban.