Dios de los faros
Ndauthina es el dios fiyiano del fuego, aunque su relación con el elemento es peculiar e íntima. Su origen como deidad del fuego comenzó en la infancia. Su madre, buscando una forma de asegurar que su hijo pequeño pudiera ser localizado y visto después de que oscureciera, tomó la decisión algo extrema de colocar una antorcha encendida directamente en la cabeza del niño. La llama se convirtió en su marca distintiva, la corona de fuego que lo hacía visible incluso en la noche más oscura.
Lo que comenzó como una solución práctica a un problema parental evolucionó hacia algo más significativo. La actividad de Ndauthina como portador de antorcha se extendió progresivamente. Comenzó a servir funciones adicionales: se convirtió en una ayuda a la navegación para los marineros fiyianos que navegaban las aguas alrededor de las islas. Su cabeza ardiente se volvió tan prominente que los marineros aprendieron a usarla como punto de referencia, como faro viviente que los guiaba de forma segura a través de las aguas traicioneras.
Los marineros alababan a Ndauthina hasta la saciedad, reconociendo su papel fundamental en sus supervivencias en el mar. Con el tiempo, se convirtió en el dios del fuego en general, pero específicamente en el guardián de los faros y las señales de navegación. Su herencia de portador de antorcha nunca fue abandonada; simplemente fue elevada a un propósito divino mayor.