La madre adoptiva de Zeus
También conocida como Amaltheia.
Amalthea es la figura mitológica que, en la edad más vulnerable del todopoderoso Zeus, fue su cuidadora, su protectora, su único sostén en el mundo. Cuando Cronos, el Titán que gobernaba antes, descubrió una profecía que anunciaba que sería destronado por uno de sus hijos, tomó una medida desesperada: devoraba a cada hijo que su esposa Rea le daba, uno tras otro. Rea, harta de ver desaparecer a sus criaturas, planeó salvar al más pequeño: Zeus.
Rea llevó al recién nacido Zeus a la isla de Creta, a una cueva profunda en el Monte Ida, lejos de los ojos de Cronos. Allí lo entregó a Amalthea para que lo criara. Amalthea era una ninfa o, según otras versiones más antiguas, una cabra sagrada de naturaleza divina. Lo que importaba era que se dedicó por completo a la tarea de alimentar y proteger al infante dios. Lo amamantaba con su propia leche —divina, nutritiva, vital— mientras mantiene su existencia en absoluto secreto.
Para que nadie escuchara el llanto del bebé Zeus, los Coribantes, adoradores de la diosa Cibeles, rodeaban la cueva tocando tambores y danzando con ritmos frenéticos y clamorosos que ahogaban cualquier sonido. De esta manera, Cronos jamás supo que su hijo había sobrevivido. Amalthea también cuidaba de que el pequeño Zeus tuviera compañía: le proporcionaba juguetes y alimento, vigilaba su seguridad mientras crecía en aquella caverna sagrada.
Cuando Zeus alcanzó la adultez y derrotó a Cronos en la guerra de los Dioses, no olvidó a su antigua cuidadora. Tomó uno de los cuernos de la cabra Amalthea —sus propias armas divinas— y lo convirtió en el Cuerno de la Abundancia, el Cornucopia, un símbolo eterno de la fertilidad y la provisión sin fin. La constelación de Capricornio en el cielo recuerda aún hoy a Amalthea, la ninfa o la cabra que permitió que el rey de los dioses sobreviviera a la infancia.