Hija del cretino rey Minos y de su esposa Pasífae
Ariadne fue la hija del rey Minos de Creta y de Pasífae, la reina que había sido transformada en bestia. Su hermano era el Minotauro, criatura mitad hombre mitad toro, monstruo que sus padres guardaban encarcelado en el corazón de un laberinto inescapable construido especialmente para contenerlo. Ariadne creció en un palacio oscuro, en la sombra de un terrible secreto de familia.
Cuando los jóvenes de Atenas fueron enviados como tributo para ser devorados por el Minotauro, llegó entre ellos el héroe Teseo. Ariadne lo vio y quedó enamorada instantáneamente. A diferencia de muchas otras figuras mitológicas, su amor fue correspondido, y Teseo correspondió sus sentimientos. Ariadne, sabiendo que Teseo planeaba intentar matar al Minotauro, decidió ayudarlo de una manera que sería recordada eternamente: le dio un ovillo de hilo rojo. Teseo ataría el hilo a la entrada del laberinto, lo seguiría mientras se adentraba en su interior, y así podría encontrar el camino de vuelta después de matar al monstruo.
El plan funcionó. Teseo venció al Minotauro en las profundidades del laberinto y, guiado por el hilo de Ariadne, encontró su camino de regreso. Con su ayuda, escapó de Creta junto con Ariadne. Pero en la isla de Naxos, donde se detuvieron durante el viaje, Teseo la abandonó mientras dormía, huyendo sin ella en su barco. Fue un acto de traición cruel: Ariadne había traicionado a su propia familia para ayudarlo, y fue recompensada con el abandono.
Sin embargo, la abandono no fue el final de la historia. Dionisio, el dios del vino y la celebración, pasaba casualmente por Naxos cuando encontró a Ariadne llorando en la playa. Cautivado por su belleza y su dolor, se enamoró de ella. A diferencia de Teseo, Dionisio la valoró y la tomó como su esposa. Le regaló una corona de oro que posteriormente fue colocada entre las estrellas como la constelación Corona Borealis. Cuando Dionisio viajó a Roma, Ariadne lo acompañó, bajo el nombre de Libera, donde se le reverenciaba como una diosa en su propio derecho.