Una monstruosa mujer serpiente escamosa que, con la ayuda de Tifón, dio lugar a casi todos los horrores griegos de clasificación X
También conocida como Echidne, Ekhidna.
Echidna es un ser de aspecto horrible: una mujer serpentina, mitad humana y mitad ofidio, cuya procedencia es incierta. Algunas fuentes la presentan como hija de Ceto y Forcis, divinidades marinas; otras la dan por descendiente de Gaia y Tártaro. Su apariencia combina la belleza femenina hasta la cintura con un cuerpo serpenante repleto de pliegues escamosos que se retuerce hacia abajo. A pesar de su naturaleza monstruosa, Tifón se enamoró de ella, uniéndose en una pareja que dio vida a las criaturas más terribles del bestiario griego.
Del seno de Echidna y Tifón nacieron prácticamente todos los monstruos legendarios de Grecia: el León de Nemea, de cuya piel no podía penetrar arma alguna; la Quimera, vomitadora de fuego; la Hidra de Lerna, con sus cabezas regenerables; la Esfinge, que planteaba acertijos mortales; Medusa y sus hermanas Gorgonas; Cerbero, el perro de tres cabezas que custodia el inframundo; Ortro, sabueso de dos cabezas; el Águila del Cáucaso que devoraba el hígado de Prometeo; y Ladón, el dragón de cien cabezas que vigilaba las manzanas de las Hespérides. Su descendencia era tan formidable que sus vástagos podían rivalizar con los propios dioses olímpicos en poder y ferocidad.
Echidna sobrevivió a las épocas en que sus hijos fueron destruidos uno a uno por los héroes. Finalmente, quien logró acabar con ella fue Argos, el demonio de cien ojos, aprovechando un momento en que dormía. A pesar de su naturaleza monstruosa, la figura de Echidna representa en la mitología la capacidad del caos para generar poder, una recordatoria de que incluso en los márgenes más oscuros del cosmos surgen fuerzas capaces de desafiar a los dioses.