Rey de Micenas, nieto de Perseo y archirrival de Heracles
Eurysteo fue rey de Micenas en la antigüedad mitológica, figura despreciable cuya cobardía y falta de talento lo hacen memorable principalmente por contraste con el heroísmo que lo rodeaba. Era nieto del legendario Perseo, lo que debería haberle conferido estatus y poder considerables. Sin embargo, su ruta hacia el trono fue resultado directo de la manipulación divina: Zeus había profetizado que un descendiente de Perseo se convertiría en rey de Micenas. Pero Hera, celosa y vengativa como de costumbre, intervino en el momento del nacimiento de Heracles, hijo ilegítimo de Zeus por Alcmena. Manipuló los tiempos del parto de ambos, haciendo que Eurysteo naciera primero, asegurando así que él, no el superior Heracles, heredaría el trono.
Como rey, Eurysteo fue un títere de Hera, diseñado específicamente para tormentar a Heracles. Aunque encantado de tener poder sobre su rival, Eurysteo era un cobarde de proporciones risibles. Cuando Heracles retornaba triunfante de cada uno de sus Doce Trabajos, Eurysteo corría a esconderse bajo una tinaja de bronce, aterrorizado ante la presencia del héroe. Su estrategia consistía en crear tareas cada vez más imposibles para Heracles, esperando que finalmente fuera destruido. Sin embargo, Heracles superó cada desafío con éxito.
La justicia poética finalmente alcanzó a Eurysteo. Cuando Heracles finalmente abandonó el mundo de los mortales y ascendió al Olimpo, sus descendientes tomaron venganza contra el reyezuelo que los había atormentado tanto. Fue derrotado en batalla y su cabeza fue llevada como trofeo a Alcmena, la madre de Heracles. Alcmena, quien había sufrido años de persecución debido a los celos de Hera, encontró una perversa satisfacción en convertir la cabeza de Eurysteo en un alfiletero, transformando el símbolo de su autoridad en un objeto de uso doméstico trivial.