Gigantes arbóreos con cincuenta cabezas y cien manos cada uno
También conocido como Hecatoncheires, Hekatonkheires.
Los Hecatonquires eran criaturas primordiales de la mitología griega, hijos de Urano y Gea. Sus nombres eran Briareo, Coto y Giges, y cada uno de ellos poseía una forma completamente descomunal: cincuenta cabezas y cien manos. Estos seres gigantescos no eran inteligentes en el sentido que podría esperarse de los dioses del Olimpo, pero su fuerza bruta era incomparable en el universo.
Urano y Gea, aterrorizados por la magnitud de sus propios hijos, los arrojaron al Tártaro, la región más profunda del inframundo, donde permanecieron durante eones en cautiverio. Cuando estalló la guerra titánica entre Cronos y Zeus, la tierra madre Gea sufrió terriblemente a causa del conflicto. En su desesperación, aconsejó a Zeus que liberara a los Hecatonquires, pues sus poderes podrían decidir el resultado de la batalla. Zeus negoció con los gigantes y les ofreció la libertad a cambio de su lealtad. Los Hecatonquires aceptaron y se unieron a los dioses olímpicos contra los Titanes.
Con sus cien manos, los Hecatonquires arrojaban cien rocas simultáneamente contra el enemigo, causando una devastación casi inconcebible. Su intervención fue decisiva para la victoria de los dioses. Como recompensa, Zeus les permitió regresar al Tártaro, donde recibieron el honor de guardar a los Titanes derrotados, manteniéndolos encarcelados y vigilantes.
Existe una anécdota célebre: cuando Apolo, Hera y Poseidón conspiraron contra Zeus para rebelarse, lograron encadenarlo con cuerdas inquebrantables. Zeus llamó en secreto a Briareo desde el Tártaro, quien con sus cien manos rompió sin esfuerzo las cadenas. Briareo permanece como símbolo de la fuerza primordial que subyace en los cimientos del cosmos.