El Sylvester Stallone de la mitología griega
También conocido como Alcides, Herakles.
Heracles no era un dios originariamente, sino un semidios nacido de la unión entre Zeus y la mortal Alcmena. Su linaje divino, sin embargo, no le protegió de la ira de Hera, quien lo persiguió con ensañamiento desde antes de su nacimiento. La reina del Olimpo orquestó desgracias constantes para castigar los amores extramaritales de Zeus, y Heracles se convirtió en el blanco principal de su venganza.
El punto de quiebre llegó cuando Hera provocó un ataque de locura temporal que hizo que Heracles matara a su propia familia. Devastado por el crimen, buscó purificación en el Oráculo de Apolo, quien le prescribió un remedio singular: servir al rey Euristeo durante doce años realizando un conjunto de tareas aparentemente imposibles. Estas se conocieron como los Doce Trabajos de Heracles, diseñados por Euristeo bajo la influencia de Hera para causarle la muerte. Entre ellos estaban enfrentarse al León de Nemea, la Hidra de Lerna, la Cierva de Cerinia, el Jabalí de Erimanto, limpiar los Establos de Augías, capturar a los Pájaros de Estinfalia, traer el Toro Cretense, capturar las Yeguas de Diomedes, obtener el Cinturón de Hipólita, robar las Manzanas de las Hespérides, y finalmente capturar a Cerbero del inframundo.
Contra todas las probabilidades, Heracles completó cada tarea, demostrando una determinación y coraje que lo elevaron a la condición de héroe legendario. Su éxito, en lugar de aplacar a Hera, pareció aumentar su odio, condenándolo a años adicionales de tribulaciones. Finalmente, tras múltiples aventuras más, fue elevado al estatus de dios inmortal como recompensa por sus sufrimientos.
Como símbolo final de reconciliación, se casó con Hebe, diosa de la juventud, ganando así una paz duradera. Los griegos lo veneraban como modelo supremo de valor y perseverancia, el único mortal que logró ascender al Olimpo mediante sus propios esfuerzos.