El Dios de los Hermafroditas de él y de ella
También conocido como Hermaphroditos.
Hermafrodito era hijo de Hermes, dios del comercio y los mensajeros, y de Afrodita, diosa del amor y la belleza. Heredó de sus padres una belleza extraordinaria, combinando la gracia de la diosa del amor con el ingenio del dios mensajero. Los griegos lo consideraban un joven excepcionalmente atractivo, tanto que se convirtió en objeto de deseo de dioses, ninfas y mortales.
Su transformación llegó cuando encontró a Salmacis, una ninfa del agua, junto a las aguas de un manantial en Lidia. Salmacis se enamoró perdidamente del joven y, cuando él rechazó sus avances, no aceptó el rechazo. Invocó desesperadamente a los dioses, suplicando que fuera imposible que sus cuerpos se separaran nunca. Su plegaria fue escuchada de forma literal y devastadora: ambos cuerpos fueron fusionados en uno solo, creando una criatura que era simultáneamente hombre y mujer.
Hermafrodito fue un símbolo ambiguo en la mitología griega: representaba tanto la dualidad como la unidad de los géneros, una criatura que desafiaba las categorías ordinarias de lo masculino y lo femenino. Algunos lo veneraban como símbolo de totalidad y plenitud; otros lo veían como una advertencia sobre los peligros de la pasión obsesiva y el rechazo del amor no correspondido.
Su figura influyó profundamente en la cultura grecorromana posterior, apareciendo frecuentemente en el arte como imagen de hermosura andrógina. Entre los romanos, fue asociado con ciertos misterios religiosos y cultos de fertilidad. Hermafrodito permanece en la mitología como ejemplo de cómo los dioses pueden cumplir literalmente los deseos de los mortales, frecuentemente con consecuencias complicadas e inesperadas.