Tres chicas de oro que guardan las manzanas de oro
También conocido como Hesperids.
Las Hespérides eran tres ninfas inmortales, hijas de Nyx, diosa de la noche, y de Erebus, dios de la oscuridad, aunque otras fuentes las nombran como hijas de Atlas. Estas deidades menores habitaban un jardín sagrado ubicado en los confines occidentales del mundo, en un lugar inaccesible para los mortales ordinarios. Su principal función era custodiar el manzano de oro, árbol maravilloso que producía manzanas de inmortalidad.
El manzano fue un regalo de bodas que Gea, la tierra madre, entregó a Hera cuando se casó con Zeus. Consciente de su valor extraordinario, Hera plantó el árbol en su jardín secreto y encargó a Ladón, un dragón descomunal con cien cabezas, que lo vigilara permanentemente. Las Hespérides trabajaban junto a este monstruo, cumpliendo distintas funciones: una se ocupaba del brillo del árbol, otra de su irrigación y una tercera de determinar el momento óptimo para la poda. Sus labores eran constantes y la perfección en su ejecución era esencial para preservar las propiedades mágicas de las manzanas.
El robo de estas manzanas constituía la undécima de los Doce Trabajos de Heracles. El héroe debió soportar innumerables peligros para llegar al jardín secreto. Finalmente, tras matar al dragón Ladón, negoció con las Hespérides. Según diversos relatos, logró persuadirlas mediante diplomacia, o bien recibió su ayuda como pago por salvar el jardín de la corrupción.
Las Hespérides personificaban la belleza, la protección y la vigilancia vigilante del tesoro más precioso del Olimpo. Su figura encarnaba la idea de que incluso en los lugares más remotos y vigilados del universo, existen guardianas dedicadas a preservar lo sagrado y lo eterno.