Hijo de Eos y del líder etíope Tithonus, Memnón fue el héroe troyano que finalmente se enfrentó en combate singular a Aquiles
Memnón era hijo de Eos, la diosa del amanecer, y de Tithonus, un príncipe troyano a quien la diosa había vuelto inmortal de una manera particularmente cruel. Este origen divino lo convirtió en el héroe etíope más formidable que participó en la Guerra de Troya, capitaneando sus tropas con una habilidad guerrera que rivalizaba con la del propio Aquiles. El encuentro entre ambos héroes en el campo de batalla sería el acto final de Memnón.
Cuando Zeus permitió que muriera, Eos lloró con tal intensidad que sus lágrimas se convirtieron en rocío que cae cada mañana. Para consolar a su madre, Zeus otorgó a Memnón una forma de inmortalidad: crió un rebaño de aves llamadas Memnónidas que volaban cada año hasta su tumba en Egipto para conmemorar su muerte. El cuerpo del héroe, sin embargo, quedó en el olvido.
Siglos después, cuando los griegos descubrieron dos colosales estatuas en Tebas, Egipto, creyeron que representaban a Memnón. Una de ellas emitía sonidos extraños cuando el viento y la temperatura golpeaban sus grietas, y los viajeros se maravillaban al interpretar estos gemidos como la voz del héroe saludando a su madre cada amanecer. El mismo emperador Adriano viajó hasta allí solo para escuchar esos sonidos místicos, aunque reparaciones posteriores silenciaron para siempre al supuesto oráculo pétreo.