Visionario creador de la humanidad y peligroso terrorista radical
Prometeo es un Titán cuyo nombre significa «el que ve antes», aludiendo a su naturaleza profética. Era hijo de Japeto y Clímene, lo que lo situaba en los círculos internos del poder titánico. A diferencia de muchos de sus hermanos titanes, quienes fueron derrotados y encarcelados en el Tártaro, Prometeo se alió con Zeus durante la guerra titánica, ofreciendo su consejo estratégico a cambio de clemencia. Sin embargo, su lealtad a Zeus era condicional, siempre subordinada a su verdadera preocupación: la humanidad.
Prometeo veía en los mortales no bestias desprovistas de valor, sino criaturas con potencial. Mientras que Zeus consideraba a los hombres como sirvientes útiles de los dioses, Prometeo los veía como iguales dignos de desarrollar sus capacidades. Cuando Zeus decidió no proporcionar fuego a la humanidad—manteniendo a los mortales en la ignorancia y la depravación—Prometeo actuó. Robó una chispa del fuego sagrado del Olimpo y se la ofreció a los hombres en secreto.
El castigo de Zeus fue brutal. Encadenó a Prometeo a una roca en el Cáucaso, donde cada día un águila devoraba su hígado. Como era inmortal, su hígado se regeneraba cada noche, solo para ser consumido nuevamente al día siguiente. Este suplicio eterno fue el precio que Prometeo pagó por desafiar a Zeus. Sin embargo, Prometeo nunca se arrepintió. Incluso bajo tortura, se rehusó a suplicar clemencia o a revelar los secretos que poseía. La mayoría de las tradiciones sugieren que fue liberado eventualmente por Heracles, quien mató al águila y rompió sus cadenas. Prometeo quedó como símbolo eterno de la resistencia contra la tiranía y la desobediencia moral en nombre de los seres más débiles.