Dios multicultural barbudo de la curación
También conocido como Sarapis.
Serapis es uno de los dioses más curiosos del panteón greco-romano, un ser cuya existencia es fundamentalmente un compromiso político y religioso. Cuando los Ptolomeos gobernaban Egipto, se dieron cuenta de que su autoridad política se fortalecería si griegos y egipcios compartieran un dios común, un ser que honrara las tradiciones de ambas culturas. La solución fue inventar un nuevo dios: Serapis.
La creación de Serapis fue un acto de ingeniería religiosa deliberada. Tomaron una estatua del dios griego Hades, aprecia su estética varonil y su barba majestuosa. Incorporaron atributos del dios egipcio Osiris y del sagrado toro Apis, ambos figuras esenciales de la religión faraónica. Añadieron elementos de un misterioso dios babilónico que nadie recuerda completamente. El resultado fue Serapis, un dios que pertenecía a ambas culturas y a ninguna, que era simultáneamente griego y egipcio, antiguo y nuevo.
Lo sorprendente es que funcionó. Serapis ganó adoradores genuinos, tanto griegos como egipcios. Su culto se extendió por todo el mundo helenístico y romano. Eventualmente fue adorado incluso en Babilonia, donde fue identificado con dioses locales, continuando el ciclo de sincretismo religioso. Serapis demuestra una verdad fundamental sobre la religión: que los dioses no son entidades eternas y fijas, sino construcciones sociales moldeadas por las necesidades políticas y culturales de los pueblos que los adoran. Que un dios puede ser literalmente inventado, y aun así ser considerado auténticamente divino por quienes creen en él.