Esta era la Sibila de todas las Sibilas
La Sibila de Cumas es una figura de considerable importancia en la mitología tardía greco-romana, aunque su historia es fundamentalmente trágica. Fue una mortal de extraordinarios poderes proféticos, capaz de ver el futuro y comunicar los designios de los dioses a los hombres. Su fama se extendió por todo el mundo antiguo, y muchos buscaban su consejo sobre los eventos venideros.
Su desdicha comenzó cuando fue cortejada por Apolo, el dios de la profecía. Él le ofreció cualquier cosa a cambio de su amor: belleza eterna, poderes ilimitados, cualquier cosa que ella desearía. Ella eligió la inmortalidad. Apolo, sorprendido pero de buen corazón, se lo concedió. Sin embargo, en un giro irónico cruel, descubrió una cláusula oculta en su promesa: la inmortalidad había sido otorgada, pero no la juventud eterna. Ella envejecería infinitamente sin jamás morir, su cuerpo empeorando mientras su mente seguía consciente.
Con el tiempo, la Sibila se marchitó. Su piel se volvió translúcida, sus huesos se fragilizaron. Pasaron siglos de decadencia. Los sacerdotes del templo de Cumas, temiendo que se descompusiera, la colgaron dentro de una botella de vino para preservarla. Los visitantes que venían a escuchar sus profecías veían a una mujer tan ancient que casi no era más que una voz. Cuando la interrogaban sobre el futuro, su único ruego era: «Quiero morir». Su inmortalidad maldita se convirtió en una advertencia sobre el peligro de desear la vida eterna sin la juventud que la acompaña, de confundir la inmortalidad con la bendición cuando podría ser una maldición.