Un mortal problemático que intentó burlar a los dioses
Sísifo fue uno de esos mortales que pusieron a prueba la paciencia de los dioses una vez demasiadas. Hijo de Eolo, rey del viento, se hizo notable por su ingenio y su falta de escrúpulos: comerciante de ganado que no dudaba en robar, violador de ninfas, y carnicero de viajeros desprevenidos. Su propio nombre significaba « el muy ingenioso », adjetivo que se ganaba por méritos propios.
Su verdadero error llegó cuando reveló a un rio el paradero de Zeus a cambio de una recompensa. Fue un acto de traición que Zeus no pasó por alto. Ordenó a Hades que lo apresar, pero cuando el dios del inframundo fue por él, Sísifo lo engañó: fingió curiosidad por las cadenas que Hades llevaba, consiguió que se las pusiera para demostración, y lo encadenó. Con Hades fuera del mundo de los vivos, nadie podía morir, lo que enfureció a Ares, quien necesitaba de las muertes en batalla. Ares liberó al dios del inframundo y juntos capturaron a Sísifo.
Pero incluso en el Inframundo, el ingenio de Sísifo no descansó. Convenció a Perséfone de que lo dejara volver brevemente para arreglar su entierro, puesto que según él seguía vivo al no haber recibido ritos fúnebres. Perséfone accedió ingenuamente; Sísifo nunca regresó. Sólo cuando Zeus envió a Hermes, quien lo arrastró sin contemplaciones, pudo Hades recuperar al mortal.
Como castigo, Sísifo fue condenado a rodar una enorme piedra colina arriba por toda la eternidad. Cada vez que alcanza la cima, la roca rueda hacia abajo nuevamente, y debe comenzar de nuevo, una y otra vez, sin fin. En esta tarea sin esperanza vive la moraleja de su castigo: la futilidad de los esfuerzos de quien desafía a los dioses.