Mortal hambriento de poder
Sagara fue un rey mortal legendario del hinduismo cuyo deseo de alcanzar el poder divino lo condujo a actos de ambición desmedida. Deseaba tanto convertirse en un dios que resultó en su perdición. Siendo ya soberano de su reino, descubrió una forma extraordinaria de engendrar descendencia: mediante rituales complejos y el uso mágico de semillas sagradas, logró concebir sesenta mil hijos sin recurrir a métodos convencionales. Sin embargo, este acto de creación artificial resultó en una grave maldición: todos sus hijos nacieron profundamente débiles, incapaces de demostrar valor o poder.
Obsesionado aún con su anhelo de ascender, Sagara ideó un plan para ganar el poder de Indra mediante el sacrificio del caballo celestial del dios. Pero Indra, percatándose de la conspiración, escondió el caballo bajo tierra. En respuesta, Sagara envió a la totalidad de sus sesenta mil hijos a excavarlo. La Madre Tierra misma gimió de angustia ante tanta perturbación, y los dioses, ofendidos por la arrogancia de Sagara, transformaron mágicamente a todos los hijos en insectos, convirtiéndolos en termitas que quedarían en la tierra para siempre.
Indra, burlándose del fracaso de Sagara, le ofreció una promesa imposible: sus hijos serían liberados cuando el río Ganges descendiera del cielo a la tierra. Pero Sagara perseveró. Durante treinta mil años rezó sin cesar, y tras su muerte, sus descendientes continuaron sus oraciones. Finalmente, Brahma, harto de tanta súplica, liberó las aguas del Ganges hacia el mundo. Pero Shiva, temeroso de que la fuerza del agua devastara todo, ingeniosamente capturó el río sobre su cabeza y lo dividió en siete afluentes para mitigar su poder destructivo.