Dios del arco iris
Uenuku es el dios maorí del arco iris, pero su identidad como deidad del arco iris es el resultado de una transformación trágica, no una designación original. Su historia es un relato de amor perdido, búsqueda desesperada y, finalmente, metamorfosis divina forzada como consuelo a la pena incurable.
Uenuku se enamoró profundamente de una doncella de la niebla, un ser etéreo cuya naturaleza era casi tan insubstancial como el aire que habitaba. Por un tiempo, su amor pareció correspondido. Juntos, habitaban los espacios donde la niebla se condensaba, donde la humedad del aire tomaba forma visible. Pero eventualmente, la doncella decidió partir. Los detalles de su separación no se especifican en los relatos, pero el resultado fue devastador: ella se fue, dejando a Uenuku solo, y la niebla misma pareció disiparse tras su partida.
Consumido por la angustia, Uenuku buscó a su amada por todas partes. Viajó a través de los cielos, recorrió la tierra, bajó a los océanos. Su búsqueda fue obsesiva, desesperada, imposible. La doncella de la niebla había desaparecido completamente. Su ausencia se convirtió en la definición del dolor de Uenuku.
Finalmente, después de búsquedas infructuosas que duraron más de lo que un mortal podría soportar, los otros dioses tuvieron piedad. Lo transformaron en arco iris, una forma que le permitía manifestarse después de cada lluvia, cuando la humedad del aire y la luz del sol convergían. Como arco iris, Uenuku existe en el momento transitorio entre tormenta y calma, buscando eternamente a su amada en cada atmósfera húmeda.