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Dioses y Diosas

Adad

Dios babilónico de la tormenta

Dios de la Tormenta, del tiempo de los truenos

Adad es el dios babilónico de la tormenta, señor de los truenos y los relámpagos que surcaban los cielos mesopotámicos. Pasaba la mayor parte de su tiempo recorriendo el firmamento en su carro divino, dejando tras de sí un rastro de relámpagos bifurcados que iluminaban la bóveda celeste. Como todos los dioses de las tempestades, su poder era caprichoso: podía traer lluvia fecundante para las cosechas o devastar el territorio con granizos y diluvios.

Más allá de su función meteorológica, Adad ejercía como dios de la adivinación, una capacidad que compartían varios dioses antiguos. Se creía que podía leer el futuro manipulando las vísceras de los animales sacrificados, un arte conocido como extispicio, o bien arrojando dados sagrados cuyo resultado revelaba la voluntad divina. De este modo, los mortales podían consultar la voluntad de los dioses a través de sus sacerdotes.

Se contaba entre los setenta hijos de Anu, aunque sobre su parentela hay versiones contradictorias. Según algunos textos antiguos, su madre pudo haber sido Asherah, la gran diosa fenicia, lo que lo conectaría con tradiciones religiosas occidentales. Su historia sugiere conflictos dinásticos entre deidades, luchas por el poder que espejan las guerras entre ciudades babilónicas.

Entre los mesopotámicos, Adad se identificaba frecuentemente con Ishkur, el dios tormenta sumerio más antiguo, y con Hadad, nombre que le daban los pueblos cananeos. Los acadios e babilonios heredaron y adaptaron esta figura divina, haciendo de él un símbolo del poder destructivo y regenerador del clima.

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