Dios popular de las tormentas
También conocido como Elil, Ellil.
Enlil es el dios mesopotámico de la tormenta, el viento y los fenómenos meteorológicos, que comenzó como la principal divinidad de los sumerios antes de que su popularidad se expandiera a acadios y babilonios. Su poder reside en su capacidad para dirigir los elementos atmosféricos: puede traer lluvia benéfica que satura las cosechas o vientos destructores que arrasan campos y ciudades. Es un dios de humores cambiantes, con poca paciencia por los mortales que lo molestan sin debido respeto.
En la jerarquía cósmica, Enlil fue asignado el dominio terrestre cuando los tres hermanos dioses Anu, Ea y él mismo sortearon sus reinos. Mientras que Anu gobernaba el cielo y Ea reinaba sobre las aguas, Enlil controlaba todo lo que sucedía en la tierra. Su responsabilidad era inmensa, y su autoridad era prácticamente inquestionable entre las deidades menores.
Enlil custodia la Tabla de los Destinos, un artefacto de poder cósmico que determina los eventos futuros del universo. Tiene también poder sobre el ME, aquellas fuerzas fundamentales que subyacen al orden cósmico. Estos dos objetos de poder lo convierten en una de las divinidades más temidas y respetadas del panteón mesopotámico. Muchos episodios mitológicos se centran en intentos de robar o reasignar la Tabla de los Destinos, lo que demuestra su centralidad en la cosmogonía.
A pesar de su rol crucial, Enlil recibe menos alabanza directa que algunas otras deidades. Su naturaleza tempestuosa y su indiferencia ante los problemas humanos lo hacen más un objeto de temor que de adoración genuina. Los mortales construían templos en su honor, pero lo hacían por precaución más que por amor.