Reina del Cielo y Diosa del Amor y la Guerra
También conocida como Inana, Innana, Innina.
Inanna es la Reina del Cielo, una diosa sumeria de naturaleza intrépida y complejidad extraordinaria. Es simultáneamente diosa de la guerra, del amor, de la fertilidad y del deseo sexual, una multiplicidad de funciones que refleja su importancia central en la mitología mesopotámica. Hija de Anu o de Enlil según diferentes tradiciones, Inanna posee un temperamento testarudo que la lleva constantemente a perseguir lo que desea, sin importar las consecuencias.
Inanna se casó con Dumuzi, un dios pastor al que construyó una ciudad para que gobernara, pero su verdadera naturaleza incluía inclinaciones más aventureras. Tras espiar la Tabla de los Destinos, decidió que también ella debería poseer su poder supremo. Utilizó sus encantos y su ingenio para emborrachar a Enki, el dios de la sabiduría, y en su intoxicación lo convenció para compartir la Tabla. Luego la robó, cargándola en su barca y remando rápidamente hacia Uruk. Cuando Enki despertó con resaca, quedó mortificado, pero nunca pudo recuperar lo robado porque Inanna proclamó que el dios había renunciado voluntariamente, una mentira que funcionó porque su ebriedad lo hacía poco confiable.
El descenso de Inanna al Inframundo para visitar a su hermana Ereshkigal es un mito fundamental. A través de siete puertas fue despojada gradualmente de sus atributos, llegando desnuda ante el trono subterráneo. Fue ejecutada, colgada de un gancho como carne de carnicería, salvada solo cuando Enki envió seres especiales para rescatarla. El ciclo de muerte y resurrección de Inanna se vinculaba con los ciclos estacionales, explicando por qué desaparecía parte del año del cielo.
Inanna está también íntimamente conectada con el viaje de Dumuzi al Inframundo, viaje que ella provocó vengándose de su infidelidad. Su personalidad es la de alguien que exige respeto absoluto, que castiga la deslealtad sin piedad, que persigue poder sin importar el costo. Ella representa una divinidad femenina que no se subordina, que reinvindica su lugar en el orden cósmico a través de la astucia y la determinación.