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Dioses y Diosas

Aegir

Dios nórdico del mar

Dios del Mar

También conocido como Ægir.

Entre los nórdicos, el mar no era sólo una fuente de alimento: era un poder caprichoso que podía tragar a un hombre en un instante. Aegir encarnaba esa fuerza impredecible de las aguas. Era el dios del mar y de sus tormentas, adorado y temido por igual por marineros y pescadores que dependían de sus aguas para vivir.

Lo particular de Aegir era que no se limitaba a reinar en el océano: era famoso también por sus fiestas. Los nórdicos contaban que en lo profundo del mar mantenía un salón donde festejaba con vino y cerveza, y que era capaz de arrastrar barcos enteros y sus tripulaciones a sus festejos subterráneos para que le hicieran compañía. Tal vez todo aquello no era más que una manera nórdica de explicar por qué el mar se llevaba a los navegantes, o quizá Aegir tenía en realidad un problema terrible de sociabilidad.

Estaba casado con Ran, otra diosa marina, y juntos tenían nueve hijas —las olas— que danzaban sobre las aguas. Se decía que la espuma del mar era la cerveza que rebosaba de la cervecería de Aegir, esparcida por el océano en su constante efervescencia.

A pesar de su naturaleza amenazante, los marineros le ofrecían respeto y regalos, pues sabían que el buen favor de Aegir podía ser la diferencia entre regresar a casa con las bodegas llenas o no regresar en absoluto.

Otra ficha al azar