Hel
Garm es una criatura colosal de la mitología nórdica, un perro monstruoso encadenado que cumple la función de guardián de Helheim, el inframundo de los muertos. Su papel es comparable al del Cerbero de la mitología griega, aunque Garm es una bestia verdaderamente desagradable: furioso, voraz, imposible de razonar con él. Los antiguos escandinavos no imaginaban al guardián del más allá como una criatura simplemente obediente, sino como un ser genuinamente peligroso que disfrutaba de su trabajo.
Garm está encadenado a las puertas de Helheim, imposibilitado de deambular libremente, aunque su cadena no lo convierte en inofensivo. Cualquiera que intente entrar en el reino de los muertos sin permiso se enfrenta a la furia de esta bestia feroz. Aunque está atado, Garm es capaz de pelear ferozmente y de infligir daño terrible a quien ose enfrentarse a él. Su presencia encadenada es un recordatorio: incluso los guardianes vinculados por magia retienen su poder pleno.
Garm permanece en su puesto durante las edades normales del universo, pero su futuro está vinculado al destino cósmico de Ragnarok. En esa batalla final, cuando todas las restricciones se rompan y el caos recuerde el orden, Garm será finalmente liberado de sus cadenas. Se unirá a la horda de fuerzas destructoras que atacarán Asgard, la entrada del inframundo abierta de par en par. Sin embargo, su libertad no durará: Tyr, el dios de la guerra, luchará contra Garm y lo derribará, aunque él mismo perecerá en el combate.
Garm es un símbolo de que incluso en la mitología nórdica más sangrienta y brutal, hay orden impuesto por la magia y la determinación. Y sin embargo, ese orden es temporal, una suspensión del caos que eventualmente reaparecerá cuando llegue el final de todas las cosas.