La gran diosa británica
También conocida como Britannia.
Britannia era la personificación divina de las Islas Británicas y la diosa protectora de los territorios que los romanos conquistaron bajo el mando de Claudio en el siglo I d.C. Su existencia como deidad refleja la práctica romana de crear personificaciones divinas de sus provincias conquistadas, especialmente cuando éstas eran territorios nuevos y desconocidos que requerían legitimación religiosa y simbólica dentro del panteón romano.
Cuando los romanos invadieron Gran Bretaña, encontraron una tierra de climas húmedos, bosques densos y poblaciones celtas resistentes. Los británicos nativos no poseían una diosa principal comparable a la que los romanos querían establece r. Para incorporar efectivamente los nuevos territorios a su imperio religioso y civil, los romanos inventaron a Britannia como símbolo divino de estas islas. Ella encarnaría no sólo la geografía y la población de Gran Bretaña, sino también sus características particulares: el clima lluvioso, su aislamiento insular, sus recursos naturales y su carácter a menudo resistente y guerrero.
Britannia se representaba típicamente como una mujer guerrera, con casco y escudo, portando a menudo un tridente que la vinculaba al poder naval y al control de los mares que rodeaban las islas. Su imagen se convirtió en símbolo del dominio romano sobre estos territorios remotos. Aunque nunca alcanzó la prominencia de deidades mayores como Venus o Marte, Britannia tuvo una presencia real en el sistema religioso de las provincias británicas durante el período de ocupación romana. Su culto desapareció con la salida de los romanos de Gran Bretaña, pero su imagen perduró en la imaginación colectiva británica, siendo recuperada siglos después como símbolo de la identidad nacional inglesa.