Diosa de las bisagras, los pomos y los umbrales de las puertas
También conocida como Cardinea, Cardo.
Cardea era la diosa romana de las puertas, los goznes, los umbrales y todo lo relacionado con el paso entre espacios. Su nombre provenía del latín «cardo», que significaba precisamente el gozne o bisagra de una puerta, la pieza fundamental que permitía que la puerta girara y se cerrara. Como diosa de las bisagras, Cardea presidía todos los puntos de transición en la arquitectura romana: el momento en que se entraba a una casa, el acceso a las habitaciones privadas, la frontera entre el espacio público y el doméstico.
Las funciones de Cardea iban más allá de lo puramente estructural. Era una protectora de los niños contra seres sobrenaturales malignos, particularmente contra brujas y vampiros que, según la creencia romana, podían merodear por las casas por la noche. Se creía que Cardea colocaba sustancias protectoras en los umbrales y que bendecía las puertas de manera que los seres dañinos no pudieran traspasarlas. La puerta, en la cosmología romana, era más que un elemento arquitectónico: era una frontera mágica entre el mundo seguro del hogar y los peligros del exterior. Cardea era la guardiana de esa frontera crítica.
Según algunas leyendas, Cardea recibió sus poderes sobre las puertas como resultado de un encuentro con el dios Jano, el deidad de los comienzos, los finales y las transiciones. La mitología cuenta que Cardea negoció sus poderes a cambio de su voluntad, consolidando así su autoridad sobre todos los aspectos de las puertas y los umbrales. Cardea fue venerada como parte del grupo de divinidades domésticas que protegían el hogar romano. Se consideraba que, junto con Vesta y otras diosas del hogar, ella mantenía segura la casa y garantizaba que sus habitantes permanecieran protegidos de los peligros que acechaban más allá de las puertas cerradas.