Extrañas piedras de pie de Smi
Seide es un concepto fundamental en la religión sami que designa objetos naturales —típicamente piedras o rocas— que están investidos de poder espiritual y autoridad divina. Una piedra que se yergue de manera vertical, una roca que posee características inusuales o una formación geológica que destaca por alguna razón particular, puede ser considerada un seide. Estos objetos no son creados por el hombre sino que son hallazgos naturales que contienen o concentran poder sagrado.
El reconocimiento de un seide requería observación cuidadosa y conocimiento transmitido de generación en generación. No toda piedra era un seide, pero una que poseía características particulares —forma extraña, ubicación prominente, historia de eventos asociados— podía ser identificada como tal. Una vez reconocido, un seide se convertía en un sitio de importancia religiosa donde los samis podían comunicarse con lo divino.
El protocolo asociado con los seide era claro: cuando un sami se encuentraba con una piedra sospechosa de ser un seide, lo más prudente era aproximarse con respeto y cautela. No se sabía exactamente qué espíritu o qué poder divino residía en la piedra, qué fuerzas estaban confinadas allí. Por lo tanto, lo correcto era dirigir palabras de respeto, ofrecer pequeños ritos de reverencia, posiblemente hacer ofrendas menores de comida o bebida. Esto no era meramente superstición sino una forma de negociar respetuosamente con fuerzas cuya verdadera naturaleza no era completamente comprensible.
Los seide representan la creencia sami de que la divinidad no se limitaba a figuras antropomórficas en el panteón, sino que se manifestaba también en objetos naturales particulares, aguardando allí a ser reconocidos y reverenciados por los humanos observadores.