Demonio con colmillos de jabalí que se alimentaba de niños
Entre los pueblos tupí, Aunyaina es conocido como un demonio del bosque, una entidad depredadora impulsada por un hambre insaciable de carne humana, particularmente la de niños. Su aspecto es terrorífico: colmillos de jabalí que sobresalen de su boca, una contextura bestial, ojos que brillan con inteligencia predadora. No es un simple animal sino una criatura consciente del mal, capaz de rastrear, acechar y calcular con propósito malévolo. Los niños tupís vivían temerosos de encontrar a Aunyaina en los bosques donde jugaban o donde se aventuraban recogiendo frutos.
La leyenda más célebre de Aunyaina cuenta de una partida de niños que se adentraron demasiado en el bosque y fueron descubiertos por el demonio. Temerosos, pero desesperados, corrieron hacia los árboles, donde treparon lo más alto que pudieron, buscando refugio en el follaje. Aunyaina, imparable, los persiguió, ganando altura mediante una liana que pendía del árbol, subiéndose hacia su presa con intención certera. Pero en el momento crítico, un loro, criatura que habita las alturas del bosque y que posee sus propias alianzas con los espíritus, descendió sobre la liana y comenzó a roerla con su pico afilado, cortando cuerda tras cuerda.
Cuando la liana se partió, Aunyaina cayó desde una altura considerable, su cuerpo destrozándose contra el suelo del bosque. De las entrañas rotas del demonio brotaron lagartijas, criaturas pequeñas que salieron dispersas por la tierra, poblándola con su presencia. Los niños, salvados de la depredación, fueron tocados por la magia del bosque en su gratitud: se transformaron en monos pequeños, condenados a una forma que les permitiría habitar para siempre en los árboles, donde tanto se refugiaron, libres ya del peligro de Aunyaina pero a costa de su humanidad.