Dios creador superior de la moral y las leyes
También conocido como Chimizapagua, Nemquetheba, Nemterequeteba, Neuterequeteua, Sadigua, Sugumonxe, Sugunsua, Xué, Zuhá, Zuhé.
Bochica es el dios legislador supremo de la mitología muisca, la deidad que encarna la ley moral, la sabiduría y el orden civilizador. Su aparición en el mundo fue abrupta e inexplicable: un anciano de presencia venerable, con barba larga y una báculo de oro, se materializó entre los muiscas sin que nadie pudiera explicar de dónde venía. Inmediatamente comprendieron que se hallaban ante un ser divino, un maestro cuya misión era instruir a la humanidad en los principios de lo recto y lo prohibido.
Bochica recorrió las tierras muiscas predicando una doctrina severa de conformidad y obediencia. Enseñó qué debía hacerse y qué debía evitarse, estableciendo límites donde antes había caos. Sus enseñanzas trajeron estabilidad, pero a costa de la libertad desenfrenada; muchas festividades salvajes terminaron cuando Bochica pasaba cerca. Su poder era indiscutible, pero también su rigidez moral. En cierto momento, se le convenció para que contrajera matrimonio con Chia, la diosa del comportamiento desenfrenado y de las malas inclinaciones. Si se esperaba que este matrimonio domesticara a Chia, el resultado fue el opuesto: ella continuó saboteando activamente cada plan que Bochica concebía, causando inundaciones y sufrimiento. Algunos relatos sugieren que Chia era en realidad Huitaca bajo otro nombre, la encarnación de todas las fuerzas caóticas opuestas a la ley.
Bochica, incapaz de remediar el caos que su esposa sembraba mediante el método matrimonial, recurrió a la magia. Transformó a Chia en el astro lunar, condenándola a brillar eternamente en la noche, distante e ineficaz. Luego dedicó su energía a hendir montañas, a crear valles que permitieran que las aguas de las inundaciones drenaran, a restaurar el orden natural. Codificó leyes durante milenios, permaneciendo en la tierra durante dos mil años como asceta vigilante. Finalmente, cumplida su misión fundadora, se retiró al arco iris de Cuchavira, desde donde continúa observando a la humanidad muisca, interviniendo solo cuando el caos amenaza con consumir de nuevo al mundo que ordenó.