Dios creador de la estabilidad y el equilibrio
También conocido como Guineche, Guinechén, Guinemapun, Ngenechen.
Guinechen es el dios supremo de la cosmología mapuche, la deidad que encarna el principio del orden y la estabilidad cósmica. Su rol no es la creación activa sino el mantenimiento incesante de la estructura universal contra fuerzas de caos y destrucción. Cada día, cada noche, Guinechen trabaja para preservar el equilibrio entre lo ordenado y lo incontrolable, entre la vida y la negación de la vida. Esta labor no tiene fin; es una vigilia eterna en la que el descanso no existe porque el momento en que Guinechen descuidase su tarea sería el momento en que todo se desmoronaría.
Los mitos mapuches relatan que en los tiempos primordiales una gran inundación amenazó con anegar toda la existencia. La tierra se sumergía bajo aguas devastadoras y toda forma de vida parecía condenada. Guinechen, comprometido con la preservación de su creación, actuó con poder extraordinario. Levantó las montañas más altas que fuera posible, creó cumbres que alcanzaban el cielo, picos que formaban un refugio donde humanos y animales pudieran escapar de las aguas ascendentes. Por ello las montañas del territorio mapuche son tan altas y tan abruptas: son monumentos al acto de salvación que Guinechen realizó.
La cosmología mapuche es, sin embargo, una visión de equilibrio perpetuo. Se considera que Guinechen y Guecubu, la fuerza del mal o el caos, poseen poderes equiparables. Ninguno puede vencer definitivamente al otro. Esta es la condición del universo: una batalla eterna, un conflicto sin conclusión donde cada victoria es temporal y cada derrota da paso a un nuevo contraataque. Los mapuches comprendían que si uno de estos principios ganara absolutamente, todo se colapsaría. La persistencia del universo depende de que ambos permanezcan en pugna equilibrada, ninguno dominante, ambos necesarios.