Dios brasileño del sol
Kuat es el dios del Sol en la tradición kamaiur del Brasil central, una deidad cuya existencia está inextricablemente ligada a la de su hermano gemelo Iae, el dios de la Luna. Ambos nacieron en la oscuridad primigenia, en un cosmos donde la luz no existía como entidad separada. Su nacimiento fue un acto de despertar a la posibilidad, pero esta posibilidad enfrentaba un obstacle monumental: el Rey Buitre Urubutsin acaparaba toda la luz, toda la energía luminosa del universo, negándose a compartirla con ninguna otra criatura.
Urubutsin guardaba celosamente su tesoro de luz, encarnado en brasas de fuego que mantenía bajo su custodia absoluta. Kuat comprendió que el robo directo era imposible, que se requería estrategia. Junto con Iae, preparó un ardid: cazaron un cadáver repleto de gusanos, alimento que el buitre depredador no podía resistir. Urubutsin disfrutó ampliamente del regalo, su apetito satisfecho temporalmente. Pero cuando demandó más alimento, los hermanos se negaron a facilitar, provocando una frustración que era exactamente la que habían planeado.
En el acto siguiente del drama, prepararon otro cadáver, pero esta vez ocultaron en su interior sus propios cuerpos. Cuando Urubutsin se abalanzó sobre él, los gemelos saltaron de la carne que lo ocultaba y se aferraron al buitre. La lucha que siguió fue titánica. Los hermanos arrancaron las plumas de la cabeza del Rey Buitre, lo que explica por qué los buitres modernos son calvos: lleva la marca de su derrota divina en la ausencia de plumaje frontal. Finalmente, bajo la presión, Urubutsin se sometió. Accedió a renunciar a la mitad de su luz, un acuerdo que permitió que el dualismo celestial surgiera: el día y la noche, el Sol y la Luna.
Kuat recibió su mitad de la luz y la lanzó al cielo, volando tras ella para convertirse en el dios solar. Cada mañana, su presencia es el calor y la iluminación que despierta el mundo. Urubutsin, aunque debilitado, persistió en su adicción a los restos mortales, pero se volvió más cauteloso, verificando cuidadosamente que sus alimentos estuvieran completamente muertos antes de consumirlos.