Dios creador del trueno, el rayo y los volcanes
También conocido como Pilan.
Pillan es el dios del rayo y el volcán en la cosmología mapuche, una deidad que encarna las manifestaciones más cataclísmicas de la naturaleza. Su dominio es el fuego del cielo, el trueno que retumba, los relámpagos que serpentean entre nubes, y las erupciones volcánicas que transforman paisajes enteros. Pillan no es un dios lejano sino intimatamente presente en los eventos destructivos de la región mapuche. Cuando el volcán ruge, Pillan está actuando; cuando el trueno golpea, su poder es evidente; cuando el rayo carboniza, su marca está inscrita en la destrucción.
Los pueblos mapuches, particularmente los Auca, no caracterizaban a sus dioses de manera dominantemente benévola. Pillan no es dios del que se espera protección sino deidad que se aproxima con desconfianza y respeto defensivo. El pueblo mapuche tendía a no erigir templos suntuosos ni a realizar cultos elaborados en honor a Pillan: la estrategia era la del perfil bajo, la invisibilidad, evitar ser notado por una deidad tan potencialmente destructiva. El culto, cuando existe, es propiciatorio más que venerativo: busca aplacar más que adorar.
Pillan juega un papel militar importante en la mitología mapuche. Durante episodios de guerra, se dice que recolecta a los jefes muertos en batalla, llevándolos a su fábrica volcánica celestial. Allí, los restos de estos guerreros se transforman en fuente de poder: la ceniza de los guerreros caídos se utiliza en la formación de nubes. De esta manera, los héroes muertos no desaparecen sino que se transfiguran en fenómenos meteorológicos, sus cuerpos se convierten en parte de las tormentas que Pillan genera. Es una forma de inmortalidad violenta, una gloria que viene únicamente a través de la conflagración.
Pillan posee también autoridad sobre los espíritus malignos llamados Huecuvus, demonios que siembran enfermedad y calamidad. Cuando las cosas funcionan demasiado bien para una comunidad, cuando la paz amenaza con volverse excesiva, Pillan puede desatar a los Huecuvus para agitar la situación, para recordarle a la humanidad mapuche que el sufrimiento es parte inherente del cosmos. En este sentido, Pillan actúa como instrumento de equilibrio cósmico: demasiada estabilidad es insostenible; el caos debe intervenir regularmente.