El Rey Buitre y el Coleccionista de Fuego
También conocido como Uguvu Coengo, Ugwvu-Cuengo, Ugwvucuengo.
Ugúvu-Cuengo es el rey buitre en la mitología kuikuro, una criatura de magnitud extraordinaria que posee dos cabezas donde la mayoría de los pájaros tiene una. Su tamaño es monumental, su capacidad de vuelo sobrenatural. En los tiempos primordiales, cuando el mundo aún carecía de luz, Ugúvu-Cuengo aleteaba constantemente con una expresión vacía, sin propósito aparente, existiendo sin mayor significancia. Era un ser gigantesco pero fundamentalmente inefectivo, un poder latente sin dirección.
Todo cambió cuando el dios creador Kanassa intervino. Necesitaba fuego, luz que pudiera iluminar el mundo que había modelado. Comprendiendo que Ugúvu-Cuengo poseía capacidad que nadie más tenía, Kanassa lo atrapó de una forma que combinaba la determinación con la urgencia: lo agarró por las patas y lo lanzó directamente hacia el cielo con la orden de morder un trozo del Sol. Fue una demanda extraordinaria, casi una violación de la existencia plácida del buitre. Pero Ugúvu-Cuengo obedeció, volando hacia el astro ardiente, desprendiendo consigo fragmentos de fuego que traería de vuelta.
Con estos fragmentos de fuego conseguido del Sol, Kanassa pudo establecer el fuego en el mundo, pudo permitir que la creación prosperara. Ugúvu-Cuengo, mediante este acto de violencia divina beneficiosa, se convirtió en intermediario entre lo imposible y lo posible, en el ser que permitió la transición de un mundo sin luz a un mundo iluminado. Los relatos sugieren que ser molestado por la luz y el fuego era algo habitual entre los buitres de la época, una incidencia común de deidades de pájaros siendo forzados a interactuar con elementos celestiales. En la región cercana al río Xingu donde esta mitología prospera, los buitres aprendieron a resignarse a su papel en el cosmo, a aceptar que el universo podría requisar sus servicios en cualquier momento.