Dios de la agricultura extremadamente fértil
Oko es un orisha yoruba nacido de Yemaya, el cual descendió a la Tierra en forma humana para vivir como granjero. No fue simplemente un campesino ordinario, sino un transformador de la tierra: todo lo que tocaba se hacía enormemente fértil, las plantas crecían en abundancia sin precedente, las cosechas superaban lo que cualquier agricultor ordinario podría lograr. Su granja se convirtió en leyenda local, ejemplo de lo que la tierra podía producir cuando era trabajada con el conocimiento y la bendición adecuados.
Un día, de manera tan misteriosa como había llegado, Oko desapareció. No dejó nota explicativa, no se despidió de sus vecinos. Simplemente ya no estaba. Lo único que quedó como evidencia de su existencia fue su bastón de madera, plantado en el suelo donde se erigía su cabaña. Los vecinos estaban confundidos al principio, luego perplejos, pero gradualmente comprendieron la verdad: el viejo granjero no era simplemente un hombre extraordinario sino una divinidad en forma mortal.
El bastón que Oko dejó atrás se convirtió en símbolo de su naturaleza divina. Con el tiempo, ese bastón adquirió significancia simbólica específica: fue interpretado como representación fálica, emblema de la fertilidad masculina y del poder generativo. Así, Oko transformado de un granjero misterioso en una deidad de la agricultura y la fecundidad. Su festival, celebrado al comienzo de la temporada de lluvias, incluye rituales donde los hombres participan en actos de fertilidad, buscando la bendición de Oko para sus propias capacidades reproductivas.
Oko representa la creencia de que la fertilidad de la tierra y la fertilidad humana son aspectos de un mismo poder divino, y que ambos merecen veneración e intervención sagrada.