Las almas de las mujeres que murieron en el parto
También conocida como Cihuateto.
Las Cihuateteo eran las almas de las mujeres que murieron durante el parto, y los aztecas las honraban con los mismos ritos que a los guerreros caídos en batalla. Para la mentalidad azteca, el parto era una lucha literal: dar vida era un acto de valentía equiparable al sacrificio supremo en el campo de batalla, y las mujeres que lo pagaban con su vida eran heroínas legítimas.
Estas espíritus se creía que vivían en el Inframundo Este y que descendían a la tierra a horas específicas del día, particularmente al atardecer, para llevar guerreros y mujeres al cielo. No eran figuras amenazantes para quienes las comprendían correctamente: eran guías divinas de los muertos, con todo el poder y la severidad que eso conlleva.
Se las representaba con aspectos terribles y cautivadores a la vez: cabezas de calavera, pies terminados en garras, cuerpos espectrales. No obstante, esta apariencia no buscaba aterrorizar, sino inspirar respeto. Su fealdad era la fealdad de lo sagrado, la del misterio y lo trascendente.
Las Cihuateteo compartían parentesco espiritual con otras entidades aztecas del más allá, como los Macuiltonaleque, aunque su estatus era único. Habían ganado su gloria a través del sufrimiento, y esa gloria las hacía tan dignas de adoración como cualquier dios varón del panteón.