Saltar al contenido
Dioses y Diosas

Dioses y diosas de la tierra

  • 40 deidades
  • 22 mitologías

La tierra, ese objeto bajo nuestros pies, es demasiado importante para dejarla sin dios. Cuarenta deidades en este apartado demuestran que las culturas antiguas nunca dejaron sin vigilancia el terreno que pisaban, y todas llegaron a una conclusión similar: el suelo que produce alimento es sagrado, vivo, y casi siempre femenino. Pero no todas imaginaron la misma tierra. Para los egipcios, Geb era un dios, y la tierra misma su cuerpo postrado bajo el cielo. Los incas veneraban Mama Pacha como la Gran Madre de la tierra, dispensadora de cosechas y volcanes. Los aztecas temían a Coatlicue, la « falda de serpientes », portadora de vida pero también de muerte, un ser ambiguo que daba y devoraba. Los eslavos reconocían a Mati Syra Zemlya como una madre literalmente viva, a la que había que pedir permiso para construir o sembrar.

Lo curioso es la obsesión compartida: la tierra no es mero material, sino un ser con el que hay que negociar. Es nutricia o terrible, generosa u hostil, según cómo la trates. Eso unifica civilizaciones separadas por miles de kilómetros y océanos. Aunque sus nombres cambien, todos gritaban al suelo la misma plegaria: « Dame vida, y te honraré ».

Hoy casi hemos olvidado que la tierra es un ser. La pisamos como si fuera inerte, como si no pidiera nada a cambio. Pero esos cuarenta dioses antiguos guardaban una verdad incómoda: la tierra siempre cobra, tarde o temprano. Los mitos de Coatlicue no eran solo historias de terror; eran advertencias. Es irónico que una era que pretende ser racional haya desechado la reverencia por la tierra precisamente cuando debería tomarla más en serio que nunca.