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Dioses y Diosas

Geb

Dios egipcio de la Tierra

Dios de la Tierra Macho con algunas rarezas

Geb es un dios inusual en la mitología mundial: es el dios de la Tierra y es masculino, una inversión de la norma más común donde deidades terrestres son frecuentemente femeninas. Se le representa como un hombre recostado horizontalmente, como si fuera el propio suelo sobre el que los seres caminan, con su cuerpo extendido de un lado a otro del horizonte. Es hijo de Shu, el dios del aire, y de Tefnut, la diosa del agua, lo que lo liga a las fuerzas primarias que hacen posible la vida.

Geb fue separado de su hermana gemela Nut, la diosa del cielo, por un motivo que las historias conservan celosamente. Shu, su padre, los dividió para mantenerlos apartados. Desde entonces, Geb permanece recostado abajo, mientras que Nut se arquea sobre él desde las alturas, ambos eternamente anhelantes pero separados. De esta separación forzada surgió la tensión cósmica que caracteriza el universo: arriba y abajo, cielo y tierra, eternamente en contemplación mutua.

Geb fue padre de Osiris, Isis y Neftis, los dioses que protagonizarían los más importantes mitos de la mitología egipcia. Su rol fue menos dramático que el de sus hijos, pero fundamental: era la base sobre la que el drama divino se desarrollaba. Era la tierra que era arada, sembrada y cosechada. Los antiguos hacían juramentos sobre Geb, invocándolo como testigo de sus promesas, porque la tierra es lo más inmóvil, lo más constante, lo más digno de confianza.

Se cuenta que Geb es poseedor de un humor peculiar, que su risa produce terremotos y perturbaciones en la tierra. En cierto sentido, esto tiene lógica: si Geb es la tierra misma, sus movimientos son los movimientos del planeta. Sus "carcajadas" son las fuerzas tectónicas expresadas en lenguaje divino. A pesar de esto, o quizás por ello, no era temido como un dios cruel, sino más bien respetado como una presencia fundamental, inquietante pero necesaria, permanente y cierta.

Otra ficha al azar