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Dioses y Diosas

Dioses y diosas de la riqueza

  • 17 deidades
  • 11 mitologías

Decir que la riqueza tiene dioses parece una verdad evidente en retrospectiva. Diecisiete deidades dedicadas a ella no es error de compilación sino confesión colectiva: todas las culturas que acumularon riqueza tuvieron que explicar por qué unos palacios eran prósperos y otros ardían. Kubera, el dios hindú de la riqueza, es señor de un reino subterráneo lleno de tesoros; Liu Hai, el inmoral chino que bromea y viaja con su moneda mágica, es acumulador sin culpa; Plutus, el griego ciego e hijo de Deméter, es riqueza que llega casi por accidente. Tres personajes, tres actitudes radicalmente distintas hacia lo que todos querían: más oro mañana que hoy.

El modo en que cada una personificó la riqueza revela qué le importaba a cada cultura. Para los hindúes, un señor subterráneo que custodia; para los chinos, un bromista sin moralidad que otorga favores; para los griegos, alguien tan ciego que no elige a quién enriquece. Unos ven guardianes, otros ven el azar personificado, otros ven maldición. Pero todas ellas entendieron que la riqueza no era resultado del trabajo solo: había magia en el medio.

Lo irónico es que la mayoría de estas deidades nacieron en culturas donde la riqueza era lo más codiciado pero también lo más volátil. Incas con Ekeko, yoruba con Aje Shaluga, romanos con Ops: pueblos que sabían que la riqueza llega y se va, y por lo tanto no era asunto de lógica sino de favor divino. Hoy rezamos menos a estas deidades pero actuamos como si existieran: creemos en la suerte, en los rituales del dinero, en que hay fuerzas invisibles que nos enriquecen o arruinan. Tal vez Kubera y Liu Hai nunca se fueron del todo.