Dios de ser asquerosamente rico
Dis Pater, cuyo nombre significaba literalmente «el Padre Dios» (o más específicamente «el Padre de la Riqueza»), era el dios romano del inframundo, de las riquezas enterradas bajo tierra y de la abundancia subterránea. Era una deidad que combinaba dos aspectos aparentemente contradictorios: por un lado, presidía sobre el reino de los muertos, un dominio oscuro y temido; por otro lado, controlaba los metales preciosos, las gemas y todas las riquezas que se encontraban bajo tierra. Estos dos aspectos no eran tan incompatibles como podrían parecer: la tierra, para los antiguos, era simultáneamente la morada de los muertos y el depósito de tesoros ocultos.
Dis Pater era a menudo considerado como equivalente al Hades griego, aunque los romanos tendían a enfatizar más su aspecto como dios de la riqueza que su función como juez de los difuntos. Su conexión con la prosperidad económica hacía que fuera invocado no sólo en contextos funerarios sino también por comerciantes y personas que buscaban encontrar riqueza. La paradoja de invocar al señor del inframundo para obtener riqueza material reflejaba la comprensión romana de que la verdadera abundancia y seguridad financiera provenían de recursos que estaban profundamente arraigados, que no eran frágiles ni efímeros, sino sólidos como la tierra misma.
Dis Pater disponía de un templo en Roma, aunque era menos prominente que los templos dedicados a dioses más populares. Cada cien años, los romanos celebraban Juegos Seculares (Ludi Saeculares) en los que se realizaban sacrificios especiales a Dis Pater y a Proserpina, su contraparte femenina. Estos rituales reconocían la poder del dios sobre los ciclos de la vida y la muerte, sobre la abundancia y la escasez. Aunque su culto era respetado, Dis Pater no era una deidad que inspirara afecto o devoción personal en la forma que lo hacían deidades más accesibles. Era, antes bien, un poder que se reconocía como necesario, incluso si se le temía.